
En estos días estuve recordando una vez que fui a visitar a un amigo a Barrio Obrero, y a la vuelta, caminando por una calle semi desierta, me topé con una chica de unos veintitantos sentada al borde de la vereda. Al principio parecía que simplemente estaba esperando a alguien, pero mientras me acercaba más me di cuenta de que estaba sollozando con mucha fuerza, casi hiperventilando. Ella intentaba calmarse, se notaba el esfuerzo en su cara en los momentos que no la tenía cubierta con las manos, pero parecía que aún tenía mucho que descargar ya que no cesaba de gemir escondiendo la cara.
Yo simplemente seguí caminando, aunque lo hice más lentamente que cuando estaba lejos de ella. La miré de reojo cuando pasé detrás y luego de unos metros me detuve. No sé exactamente qué me impulsó a acercarme a ella, pero me encontré dando unos pasos hacia donde se encontraba y luego volví a detenerme bruscamente cuando se percató de mi presencia. La chica levantó la mirada y clavó sus ojos en mí. Yo entonces me di cuenta de que estaba asustado, no porque nunca me había acercado así a una chica en la calle, o porque llegó a parecerme hermosa, sino por la impresión que me causó el moretón que tenía en el ojo derecho.
No sabía qué hacer, nunca había estado en una situación similar, nunca había visto a una mujer golpeada, al menos no en la vida real. Mientras ella seguía mirándome, con el rostro rojo de tanto llorar, yo no supe más que hacer que dar media vuelta y seguir caminando. Es una de las decisiones más estúpidas que tomé en toda mi vida, y aún hoy me detengo a veces a preguntarme qué habrá sido de ella. Pero yo tenía 14 años y no sabía cómo reaccionar; si hubiera sido hoy, la historia quizás hubiese sido distinta. De repente me puse a preguntarme ¿qué habrá pasado? ¿qué cosa tan horrible habrá hecho ella para merecer eso? Las estadísticas dicen que lo más probable es que no haya hecho nada malo, sino estar al lado de algún idiota, ¿qué tan mal de la cabeza debe estar alguien para hacerle eso a una mujer?
Este recuerdo me saltó a la cabeza hace un par de días cuando leía a @titevera (a quien pertenece la imagen de cabecera) hablar sobre cómo extrañaba a su mamá, y luego me puse a pensar que esa mujer podría ser la mamá de alguien, una amiga, una esposa, una novia, una hija, y esa persona que provocó el moretón, no la estaba disfrutando como tendría que ser, sino todo lo contrario. Una pena, una verdadera pena. Me puse a reflexionar sobre mi propia madre y sólo tuve ganas de abrazarla, algo que hago siempre, pero quizás no lo suficiente. La vida se disfruta mientras haya vida, no se deben dejar las demostraciones para mañana. Pueden dejar tareas para mañana, trabajos pendientes, citas y reuniones, salidas y caprichos personales, pero no deben dejar para mañana esa expresión de amor que sus madres están mereciendo desde hace más de 20 años, desde que soportaron tenerlos durante nueve meses adentro de ellas.
Yo ya le di el beso de buenas noches a la mía. ¿Y ustedes, qué tanto están disfrutando de sus mamás?
Bonus: Les invito a leer el cuento que escribí en el día de las madres: Consuelo al Amanecer








